Hoy os cuento una historia sobre un 𝗳𝗮𝗯𝗿𝗶𝗰𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗺𝗶𝗰𝗿𝗼𝗼𝗻𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗮𝗿𝗿𝘂𝗶𝗻𝗼́ por no advertir del uso previsto de su producto…
Es una leyenda urbana, algo graciosa pero muy gráfica para entender este apartado del manual de todo producto físico.
El uso previsto y los límites de uso en el manual de producto: te salvarán el cuello si los defines bien.
Mejor dicho: si los ingenieros de desarrollo elaboran bien estas dos definiciones, tendrás oro para tu manual.
¿Por qué? Muy sencillo: el capítulo de información de seguridad de tu manual tiene estos dos apartados como referencia para encuadrar el manejo del producto. Fuera de este marco empiezan los riesgos por los que el fabricante no se responsabiliza.
Pero si no los defines… podrías caer en el famoso fake de la demanda por el gato y el microondas (en realidad no existió nunca).
Si te quieres quedar, te cuento la historia:
El gato en el microondas y el fabricante arruinado
Una vez vivió una señora mayor que se dedicaba a criar gatos de raza y a exhibirlos en concursos felinos. Su especialidad eran los gatos persas, cuyo largo pelaje siempre representaba un desafío a la hora de limpiarlos y acicalarlos para las exposiciones. Para simplificar esta tarea, la anciana había desarrollado la costumbre de lavar primero al gato, secarlo con una toalla y luego, finalmente, calentarlo brevemente en su horno eléctrico.
En una Navidad, el horno de la señora desarrolló un fallo técnico, por lo que su hijo, como regalo navideño, le trajo un horno de microondas nuevo. En el día del próximo concurso de gatos, sin entender la diferencia básica en la tecnología entre un horno convencional y un horno de microondas, la señora lavó diligentemente a su gato persa galardonado y lo colocó en el horno de microondas durante unos segundos. No hubo ningún maullido, ni ningún ruido del gato, ya que la pobre criatura explotó en el mismo momento en que se encendió el horno.
Lo que siguió fue una historia que se hizo famosa. La señora decidió demandar al fabricante del horno de microondas, argumentando que no había habido ninguna advertencia clara sobre los peligros de usarlo para secar mascotas. A pesar de la incredulidad inicial de muchos, la demanda llegó a los tribunales, y para sorpresa de todos, la señora ganó el caso. El fabricante se arruinó con la demanda.
Su peculiar experiencia se convirtió en un recordatorio no solo de la importancia de conocer la tecnología antes de usarla, sino también de cómo de importante es redactar bien los manuales de tu producto.
¿Cómo hubiera resuelto esto un redactor técnico experto?
Os lo explico paso a paso:
1️⃣ El redactor trabajaría con I+D para extraer de la evaluación de riesgos el uso previsto, los límites de uso y, si hay información al respecto, el mal uso razonablemente predecible (*).
2️⃣ El redactor introduciría la información en el capítulo de información de seguridad del manual de producto.
Nota: El capítulo de información de seguridad cuenta con mucha más información potencial que aportar, pero eso haría de este artículo algo “infumable”. 🚭
Fuente de la historia:
https://www.snopes.com/fact-check/the-microwaved-pet
(*) Si quieres saber más sobre el “mal uso razonablemente predecible”: ponte en contacto conmigo y te lo explico con el ejemplo del microondas.